Magalhaes (Lav Díaz, 2025)


 


Una buena definición de la película sería una búsqueda de todo para poder retratar la nada. En un ejercicio de intentar representar una figura tan importante como cuestionada, la de Fernando de Magallanes, célebre explorador, conocido por iniciar la ruta, acabada por Juan Sebastián Elcano, que sería el primer viaje que daría la vuelta al mundo, Lav Díaz acaba siendo contradictorio en su visión. En sus planos, busca deconstruir la mítica figura del explorador y tratar de hacer un acercamiento histórico de los hechos, aunque estos pierden mucha fuerza porque acaban siendo una excusa para ilustrar una bellísima puesta en escena, pero claramente impostada, y que le quita realidad al esfuerzo de Gael García Bernal, por tratar de darnos una interpretación llena de matices humanos.

Si bien se aleja de la realidad, también consigue darnos un relato sin extremismo en su historia, pues en el mundo que vivimos, el colonizador es reducido a un héroe aventurero que se preocupa por sus nuevos amigos, o a un sádico tirano, que trata de asesinar y esclavizar a todo ser humano que se encuentre. La visión de Magallanes que nos proporciona la película es gris, es la de un ser humano con enormes contradicciones, el cual tiene un buen propósito, bañado en ego, y donde nos muestra que sus aspiraciones son lo más importante en su vida, aunque tenga que sacrificar familia, amigos, o a sus propios subordinados. Este ego se lleva al máximo cuando entra en contacto con los indígenas, creyéndose algo parecido a un dios. También nos muestra la colonización extrapolada de sus apropiaciones ideológicas, tanto por su lado bueno, ayudando a traer medicamentos y herramientas nunca antes vistas por los indígenas, como por sus matices negativos, como el sometimiento religioso y cultural, o las guerras provocadas por estos choques de ideas, que llevan a un conflicto sin sentido que sólo provoca muerte y desgracia. 

A nivel fotográfico es una de las piezas más increíbles vistas en los últimos años. Pocas películas han conseguido retratar de una manera tan estética y realista las carabelas españolas, sin intención de demonificarlas o santificarlas, solamente mostrándonos la belleza de las viejas naves lanzadas al mar con el afán de descubrir un mundo aún virgen para los conocimientos europeos. También los restos de las batallas, ya que nunca vemos ninguna directamente en pantalla, o las selvas de las islas asiáticas, son mostradas con minuciosidad y realismo, pero sin quitarle esa belleza propia de la naturaleza en su estado más salvaje. Aún así, consigue darse una pausa para darnos una representación de la amada, como un espíritu espectral que nos va indicando los costes reales de la viaje de Magallanes a nivel personal, y que hará mella en la consciencia del descubridor, poco a poco.

A pesar de la belleza mostrada, creo que el director se acaba autocomplaciendo, dándonos largas imágenes, a veces excesivas, para mostrar la belleza de su fotografía, pero que alargan demasiado la película, haciéndole perder ritmo, sin aportar demasiado. Ese mismo tiempo, se podría haber empleado en ampliar las tramas de los personajes secundarios, que acaban teniendo bastante relevancia en la historia, pero con los que nunca llegamos a empatizar porque aparecen contadas veces, y nunca entendemos el propósito de muchas de sus acciones, sólo gracias a voces en off, o a explicaciones directas, comprendemos su comportamiento. En consecuencia, las distintas desgracias personales o los conflictos de la tripulación con Magallanes, se nos hacen ajenos, aunque podamos interpretar porque están ocurriendo. Y es por eso también, que una de las partes más importantes de la película y a la que nos cuesta llegar un buen trayecto, que es el viaje a bordo de la flota de Las Moluscas, se acaba haciendo largo y mucho menos interesantes que otras partes que en si mismas no aportan tanto a la historia.

En cuestiones interpretativas, el elenco hace un muy buen trabajo. En todo momento te crees que pudieran ser personajes del siglo XVI. Destacar sobre todo la actuación de Amado Arjay Babon, actuando de Enrique de Malaca, esclavo de Magallanes, que aporta mucha presencia durante todo el filme, teniendo un arco de personaje curioso, y sobre todo, la representación de Gael García Bernal, de un Magallanes con muchos claroscuros, es sin duda uno de los grandes elementos de la película. El actor mexicano, muy conocido por ser un socio habitual del director Iñarritu durante sus primeros años de carrera, borda el papel, dándonos a un hombre de gran ambición y roto por dentro, algo muy difícil de conseguir, pues nos remarca constantemente su humanidad sin quedarse en el cliché de conquistador sanguinario. Este actor tiene un talento descomunal, ya mostrado a lo largo de su cinta, pero tras un tiempo sin estar en el foco, esta interpretación nos demuestra que sigue en buena forma, y nos deja con ganas de verlo en algún proyecto más grande.

En resumen, el Magallanes de Lav Díaz es realista y trata de reflejarnos a una persona compleja, algo difícil de ver en un cine que cada vez representa de forma más plana a sus personajes. Aún así, la película se dedica demasiado a mostrar su brillante estética, ralentizando en exceso el ritmo, y haciendo que la historia se pierda un poco por el camino.

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